Son muchos los estudios en psicología y sociología que se han hecho sobre los efectos del uso de juegos de video en niños y adolescentes. La conexión de las personas con consolas es tal que es posible experimentar sensaciones parecidas a las reales. Es así como “los medios interactivos se convierten en una alternativa a la realidad” (Steinberg, Shirley. Cultura infantil y multinacionales. pp. 111). En efecto, dicha relación entre sujeto-consola es la que facilita que los juegos de video promuevan las actitudes sexistas y racistas, la solución violenta de los conflictos, la insensibilización hacia el maltrato (e incluso asesinato) de personas y animales, y el comportamiento criminal y el desafío a la normatividad, entre otras. Paremos aquí con esto y aquí les presento mi hipótesis.
Adultos infantilizados como el exvicepresidente Francisco Santos son producto de la entrega total del cerebro a las consolas. Reconozco, por supuesto, que hay una gran cantidad de personas completamente coherentes que disfrutan de los videojuegos y que no se consideran a sí mismas (ni los demás los consideran) eunucos mentales. Es más, los juegos de video tienen efectos positivos como favorecer la coordinación mano-ojo, estimular la memoria, aumentar el sentimiento de autoestima, así como la inquietud por investigar. Pero, ¿de qué otro lugar pudo sacar ‘Pachito’ Santos la idea de reprimir una marcha estudiantil con electrochoques? (Algunos dedos apuntan hacia su mentor, el otrora Presidente de la República de origen paisa de cuyo nombre no quiero acordarme). ‘Pachito’ tiene como…cincuenta años, cuarenta de los cuales ha dedicado a su bien conocida afición a los juegos de video. Hoy, tras afirmaciones como “este es el momento de decirle a los estudiantes «o protestan por fuera o van a tener que enfrentarse durísimo con el brazo de represión legal del estado». Aquí hace falta innovar con armas no legales como esas que les meten voltios a los muchachos, el muchacho cae y se lo llevan arrestado por interferir con una vía pública. La ley de orden público y la ley de seguridad ciudadana permiten esas cosas, ¿cuándo la va a estrenar el gobierno?”, uno puede pensar que este señor es evidentemente adicto a juegos como Condemned: Criminal Origins, Killer 7 o Grand Theft Auto, por nombrar algunos. ¿Han visto o jugado alguno de estos? En uno de ellos, el jugador debe ganar prestigio entre lo miembros de una pandilla mediante misiones que incluyen asesinatos y robos a escalas demenciales y, en otro, el jugador debe tomar el control de uno de siete asesinos para acabar con terroristas suicidas. Tan creativo el hombre como para imaginar la escena en la que un muchacho (del cual se desconoce si tiene problemas cardiacos, por lo que el uso de electrochoques resultaría fatal) cae al suelo presa de una descarga eléctrica. Después de años y años de jugar esta vaina, uno puede pensar que Santos se ha vuelto un ser totalmente insensible.
En realidad, el problema no es ni la evidente predilección por los videojuegos del llamado ‘Fachito’ Santos, sino el enorme descuido cometido por quien supone ser un periodista, líder de opinión, encargado de dar la información que los ciudadanos necesitan para ejercitar plenamente sus derechos en lo que debería ser una democracia. Personas como este señor son las que han hecho del periodismo una profesión menos respetable que la prostitución y quienes hacen que se reconsidere el derecho que tiene cada persona a ejercer libremente la libre expresión. Ni periodista, ni líder de opinión, ni mucho menos político. Por dárselas de periodista voraz de reacciones por parte del establecimiento, por dárselas de independiente respecto a lo que su propia familia hace, por dárselas de estructurado y conocedor de lo que él mismo califica como las “no ejercitadas” leyes de orden público y seguridad ciudadana, quedó como un completo papanatas. Orgullosos estarían Videla o Pinochet de un personajillo como este señor. Un hijo fallido de la “Escuela de las Américas”, pero sin la fortaleza de carácter que ello requiere (si es que hay alguna. Desde luego, para ser un torturador, se tiene que gozar de ciertas características).
¿Son suficientes las excusas que días después presentó por sus palabras, carentes de fundamento y, a todas luces, de alguna lógica y razón? En palabras del profesor Cocoon, “yo diría que no”. Yo diría que si un medio quiere mostrarse como tal, debería exigirle su renuncia. Todo medio de comunicación tiene (en imperativo) una responsabilidad contemplada constitucionalmente según la cual debe autorregular sus contenidos (sean éstos información u opiniones), ya que no existe ninguna institución que pueda, en principio, censurarlos.
Termino diciendo que excuso a ‘Pachito’ porque sea un adicto a los videojuegos, pero no porque haga un “llamado a la creatividad” y a la “innovación” al gobierno para reprimir a sus ciudadanos. Eso no es innovación; eso es terrorismo de Estado. De ése que dicen que en Colombia no hay. Terroristas los que tienen esas ideas y no los estudiantes.