Antes de empezar, me excuso formalmente por el abandono al que he sometido este vehículo del pensamiento. Debo confesar que sucesos recientes me había arrebatado lo único por lo que vale la pena vivir: la escritura. Ahora, con la firme convicción de construir una vida en torno a ello, he retornado al lugar de origen. Bienvenidos nuevamente.
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